viernes, 23 de marzo de 2012

EL HUNDIMIENTO....

Hace ciento ochenta mil años, en la tierra, habitaba una civilización fuera de lo común, una civilización más avanzada incluso que la nuestra. Los habitantes de dicha civilización se valía de hechizos para mantener el orden y la paz que les rodeaba. No eran una especie humana como otra cualquiera, su origen procedía de mas allá. Su tierra sobrevivía gracias a un elemento que incluso ellos desconocían, y por causa de este elemento, la ciudad, se iluminaba grandiosamente cada noche. De cada río, cada recoveco de la tierra, emergía una brillante luz y al andar sobre ella se quedaban plasmadas las oscuras huellas de sus pisadas, para volver a iluminar tras su paso. Desde el principio de los tiempos, ellos, nunca entendieron de esa energía, sin embargo la adoraban... pues sabían que tenia un importante papel en su vida. 

Era una civilización
 tranquila, que vivía en paz y armonía con todos los seres que la habitaban y con la tierra misma. La ciudad de los anillos la llamaban, ya que estaba estructurada con unas arquitecturas únicas y maravillosas, jamás vistas. También existían anillos alrededor de palacio en forma de espiral, con la función de poder ver a través del tiempo y el espacio, lo que los convertía en una civilización longeva y con gran sabiduría


Su reinado era lo mas importante y tanto la Reina como el Venerable se ocupaban de que la ciudad mantuviera la calma y siguiera creciendo y progresando... Pero un 
día ocurrió lo inesperado...


La Reina, Casiopea estaba en palacio cuidando de su abuelo, 
Argoth, pues este tenia una delicada salud. Mientras tanto atendía a sus dos hijas: Ethari de ocho mil años ( cuatro años terrestres ) y Tharamy de dos mil años ( ún año terrestre ). Pero, de pronto, escuchó gritos en las afueras del reino...


" Las estrellas 
están callendo!! "


Casiopea corre asustada al 
jardín, para ver que ocurría. Y de pronto un ciudadano se derrumba a su pies.
- Señora! Las estrellas se 
están callendo! Es el fin! - Gritaba, preso del pánico.


Casiopea mira al cielo y lo corrobora: una lluvia de meteoritos. 


Rocas gigantes estaban desolando la ciudad, destruyendo cada arquitectura, matando a sus habitantes... Las rocas que 
caían al mar levantaban olas gigantescas que arrollaban todo a su paso... Su pueblo estaba muriendo!


Casiopea observa todo el desastre con 
lágrimas en los ojos... y de repente escucha a su hija Ethari.


- Mama! Que pasó? - dice asustada y 
agarrándose a la pierna de su madre.


- 
EthariMárchate! Esto es muy peligroso para ti! - Dice empujando a su hija hacia el interior de palacio.
De pronto el Venerable aparece por la puerta, apenas sin fuerza y 
tambaleándose, para dirigirse hacia su nieta...


El suelo, como de costumbre, y el mar, comienzan a iluminarse 
intensamente, y justo en el centro de este Casiopea ve brillar una bola de luz aun mas intensa bajo el agua... Algo dentro de ella la empuja a la luz. Como un espectro, Casiopea, comienza a caminar hacia el mar. A medida que va caminando, sus pies, dejan una huella de oscuridad sobre el suelo brillante y absorbiendo esa luz, tras sus pasos la tierra se va quedando a oscuras... Un viento proveniente del mar golpea con ráfagas a los habitantes, a su abuelo, y a su hija... Argoth observa a su nieta, Casiopea, adentrarse en el mar... y caminando sobre el al epicentro de la luz. A medida que va avanzando ella se va iluminando, su pies su piernas, su cuerpo, sus brazos...


De pronto, 
Ethari, se suelta de los brazos de Argoth y comienza a correr hacia su madre contra el viento.


- Mama!! - Dice sin apenas poder respirar por la fuerza intensa del viento es su rostro... - Mama!! Vuelve!! - Esta vez con sigue alcanzarla de la mano y comienza a tirar de su madre.


Casiopea sigue caminando, como si una fuerza le llevara hacia allí...


- Tengo que detener esto... - Dice mientras se va alejando cada vez mas de su hija.


La tierra comienza a temblar. A su alrededor todo se esta destruyendo. Gritos... Llantos... La gente estaba muriendo. Y el mar empezó a vibrar con fuerza... Una explosión de agua inunda a Casiopea, y de esa 
explosión emerge un diamante de unas dimensiones increíbles. Esa luz que antes llenaba la ciudad de color dejó de hacerlo. La ciudad se queda a oscuras mientras va consumiéndose.


Casiopea alza la mirada hacia aquel diamante luminoso, mientras escucha a su hija gritar desesperada...


- Hija 
mía... No estés triste... No llores... Recuerda esto... Siempre estaré a tu lado, siempre te protegeré y cuidare... Prométeme que seras feliz, hija mía... Prometeme que reinaras con amor, que seras leal, honesta... y que siempre te guiaras por el corazón... - A Casiopea se le inundan los ojos de lágrimas, y estos se le iluminan sin dejar color alguno en ellos - Busca tu felicidad... No dejes que nadie te la arrebate. Y encuentra el amor... confía en el... pues puede estar en cualquier lugar y llenar tu vida... de felicidad... 


- Te lo prometo!! - Dice 
Ethari llorando desconsoladamente.


Casiopea se eleva, totalmente iluminada por ese ente, y este la absorbe. 
Después comenzó a iluminar con mas intensidad todos los fines del mar y este empieza a hervir... Del mar surgen bestias gigantes de piedra rocosa, maquinas devastadoras, en cada punto del mar. Y al unir estos sus manos, crean una barrera invisible y protectora que evita que nada pueda traspasarlo. Los meteoritos ya no caen sobre la ciudad. La tierra comienza a temblar y a resquebrajarse. Se abren brechas y comienza a surgir lava de ellas. La tierra se esta hundiendo bajo la misma... 


El diamante gigante estalla en millones de trozos, y el resto queda suspendido en el aire, como un nuevo sol. Los titanes se petrifican manteniendo la barrera protectora constantemente. Los habitantes empiezan a morir sin la luz del sol ni de la tierra... 
Ethari y Argoth empiezan a perder su vitalidad...


Ethari, yaciendo en el suelo, encuentra uno de esos diamantes y lo coge entre sus manos. Después de agarrarlo, su vitalidad se hace mas fuerte y este empieza a iluminar... Argoth se da cuenta de ello...


- Tenemos que coger los diamantes! Sin ellos moriremos! - Grita con las pocas fuerzas que le quedan.


Y todos los habitantes comenzaron a agarrar cada uno un diamante para poder sobrevivir.


A medida que se sumerge en la oscuridad toda la barrera que los titanes 
había creado se empapa de lava; lava que poco tarda en petrificar, llevando a la Atlántida al centro de la tierra y maldiciéndola con el destierro, para el resto de la eternidad... 

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